
En muchas ocasiones los padres se acercan a nosotros diciéndonos que se han quedado en blanco ante la enseñanza de algún tema de la matemática a sus niños. Que ese tema los paraliza porque no recuerdan de qué se trata o, peor aún, nos dicen que recuerdan claramente cuánto sufrieron cuando se los enseñaron a ellos en la escuela.
Sentimientos de angustia, frustración, decepción e incluso tristeza y desesperación los invaden nuevamente y se paralizan.
Esos sentimientos negativos hacia la
matemática influyen notablemente en la forma en que les enseñamos a nuestros
hijos en casa cualquier cosa relacionada con esta área de conocimiento, y eso
tiene diferentes razones sociales, culturales e incluso pedagógicas que te
explicaremos a continuación para ir develando de dónde vienen estos miedos.
Sigue leyendo para que enfrentes ese
pequeño monstruo que te aparta de amar y querer a la matemática, y de
enseñársela con amor a tus pequeños.
Lamentablemente, una ciencia tan hermosa y
de tanto valor para la sociedad como la matemática ha sido y es menospreciada
como una materia difícil, inútil, que solo sirve para aprobar un curso o grado
en la escuela y luego olvidarse completamente de ella.
Por ejemplo, a muchas personas les da incluso orgullo afirmar que no saben siquiera calcular un porcentaje, pero sí les daría mucha vergüenza escribir con un error ortográfico o admitir que no saben redactar un buen párrafo.
Porque si dicen lo primero sobre el
porcentaje mucha gente hasta les comparta una sonrisa y les apoye, mientras que
si escriben con un error ortográfico las personas muy probablemente le
señalarán como ignorantes.
Nosotros mismos hemos visto como las personas
ponen cara de horror cuando les decimos que somos profesores de matemática. El
gesto que hacen es incluso corporal y tienden a separarse un poco más de donde
estamos nosotros.
Y es que incluso en el cine los profesores
de matemática tienen ciertas características que los hacen ver feos, mal
arreglados, solitarios, odiosos, vengativos, etc. La gran mayoría connotaciones
negativas hacia nosotros, casi como si fuéramos los desterrados de los
profesionales de la docencia.
Además los niños que son “inteligentes” en
matemática son catalogados de nerds, sabelotodo, sin habilidades sociales y
poco agraciados físicamente. Otro estereotipo cultural que viene afianzado por
muchas películas de cine y series de televisión.
De manera que ese rechazo generalizado hacia la matemática, y hacia los que la enseñamos, empieza tanto en el medio social como cultural en el que nos desenvolvemos.
La forma en que se nos enseñó la matemática
en la escuela
Cuando tenemos nuestros primeros encuentros
con la matemática en el ámbito escolar, todo pareciera ser color de rosa.
Empezamos a sumar casi sin darnos cuenta, podemos comparar algunos números,
aprendemos a escribirlos y a recitar la serie numérica, entre otras cosas.
En esta primera etapa los niños aún se sienten cómodos con la matemática, y los padres también se sienten cómodos enseñando estas nociones iniciales de números, figuras geométricas, entre otros fundamentos.
Al pasar el tiempo, y a medida que el
conocimiento matemático se vuelva más profundo, muchos niños empiezan a sentir
antipatía, frustración, decepción y miedo ante esta materia. Sentimientos que a
muchos acompañarán durante toda su vida.
Esto se debe a varias razones. Muchas
veces, y esta creo que es la razón más importante, la persona que les va enseñando matemática a
medida que van avanzando en la escuela no considera las necesidad que tienen
los niños de tocar, jugar, experimentar, verificar, etc., para aprender matemática
en estas edades.
Por ello la enseñanza de la matemática que
recibimos muchos en la escuela se basaba solo en un conjunto de actividades sin
sentido, que se hacían exclusivamente de manera escrita y que para nosotros como
niños no tenían el menor interés.
Otro aspecto fundamental es el poco o nulo
interés por el desarrollo del pensamiento matemático en el niño, que va mucho
más allá de solo aprender temas de la matemática.
Sobre este desarrollo del pensamiento matemático hablaremos en otro artículo.
Por eso temas como “división”,
“fracciones”, “decimales” y procesos de pensamiento matemático como “resolución
de problemas” aún son la pesadilla de muchas personas.
Intentar repetir con nuestros hijos el
“método” con el que aprendimos matemática
Como ya hemos visto, nosotros mismos hemos
sido víctima de elementos sociales, culturales y pedagógicos de la enseñanza de
la matemática que forman parte de nuestro sistema de creencias sobre cómo se
enseña y cómo se aprende matemática.
Estos aspectos que hemos discutido hicieron sufrir a muchos niños, que aún de adultos no comprenden ni siquiera cómo funciona el sistema decimal y por qué se suma “llevando”, por decir un ejemplo.
Muchos de nosotros en algún momento nos
sentimos muy mal con la forma en que se nos presentaba la matemática, sus
temas, sus procedimientos y su “aplicación” casi nula a la vida.
Entonces, ¿por qué creemos que esa forma de
enseñar matemática será exitosa, beneficiosa o agradable para nuestros hijos?
Repetir un modelo que solo enseña
procedimientos, que solo invita a los niños a aprender temas de la matemática
sin desarrollar un pensamiento matemático verdadero y sólido desde edades muy
tempranas, solo hará que se repita la misma historia de dolor, de frustración y
de rechazo hacia una ciencia tan fundamental para entender el mundo de hoy que
se basa en la ciencia y la tecnología.
¿Qué hacer ante este panorama de la enseñanza de la matemática en casa?
La invitación papi y mami es a formarse, a
revisar profundamente nuestros sentimientos hacia la matemática para poder
superarlos, y dar lo mejor para que nuestros niños sean cada día más
inteligentes en matemática.
Por eso debes tomar en cuenta que:
1. Tu niño debe vivir la matemática. Por
ello, en su proceso de aprendizaje lo corporal, sensorial y físico son factores
muy importantes a considerar en cada situación de enseñanza que plantees.
2. La matemática no es solo números, hay una serie de procesos cognitivos que subyacen y que debes trabajar para desarrollar el verdadero pensamiento matemático. Procesos como observación, clasificación, comparación reconocimiento de patrones, etc.
3. Debes formarte para que conozcas cada día más estrategias, enfoques, nuevos procesos que te permitan convertirte en un papá genial y una mamá genial enseñando matemática con amor.
4. Busca siempre el por qué de las cosas. En matemática todo tiene un por qué pero a veces no lo conocemos y si nos preguntan decimos “porque así es y punto”, por ello la formación para ti es fundamental.
Además recuerda que desarrollar el pensamiento matemático en los niños a temprana edad ayuda profundamente a que las bases de su futuro conocimiento matemático estén muy sólidas, y sea mucho más sencillo ser exitoso en su aprendizaje.
Desde matemática para niños hemos asumido
la misión de formar a los papis y las mamis que deseen enseñar matemática a sus
niños de forma amena, amorosa y efectiva para que sean cada día más
inteligentes en matemática.
Y tú, ¿quieres que tu niño sea genial en
matemática?
Nos leemos en el próximos post.







